jueves, 7 de junio de 2012

Mitos: ''Teseo y Ariadna'' y ''El mito de Atalanta''.


Teseo y Ariadna.


Teseo fue un mítico rey de Atenas, hijo de Etra y Egeo.
Según la leyenda, Atenas debía enviar un tributo al rey Minos de Creta, que consistía en el sacrificio de siete doncellas y siete jóvenes, que serían devorados por el monstruo Minotauro. Teseo se presentó voluntariamente en el tercer envío ante su padre para que le permitiera ser parte de la ofrenda y le dejara acompañar a las víctimas para poder enfrentarse al Minotauro.
Al llegar a Creta, la princesa Ariadna se enamoró de él y propuso a Teseo ayudarle a derrotar al Minotauro, a cambio de que se la llevara con él de vuelta a Atenas y la convirtiera en su esposa, y Teseo aceptó. La ayuda de Ariadna consistió en dar a Teseo un ovillo de hilo que éste ató por uno de los extremos a la puerta del laberinto. Así Teseo entró en el laberinto hasta encontrarse con el Minotauro, al que dio muerte tras una intensa batalla. A continuación recogió el hilo y así pudo salir del laberinto e inmediatamente, acompañado por el resto de atenienses y por Ariadna, embarcó de vuelta a Atenas, tras hundir los barcos cretenses para impedir una posible persecución.

Durante el viaje de vuelta Teseo decidió desembarcar en la isla de Naxos por culpa de una fuerte tormenta. Al día siguiente, Teseo reunió a sus hombres y les ordenó hacerse inmediatamente a la mar, abandonando a Ariadna, que estaba dormida, en Naxos. Al despertar, Ariadna vio que el barco de su amado estaba lejos en el horizonte y se sintió traicionada y utilizada, por lo que lo maldijo. Esto hizo que una tormenta azotara las aguas en su camino de regreso a Atenas, donde su padre, el rey Egeo, le esperaba ansioso.


Antes de partir, su padre advirtió a Teseo que si volvía con vida no cambiara las velas blancas por las negras, así sabría que él seguía con vida. Pero por culpa de la tormenta, las velas blancas quedaron inservibles y Teseo tuvo que cambiarlas por las negras. Al divisar la galera desde el puerto de El Pireo en Atenas, el rey Egeo vio las velas negras puesto que Teseo había olvidado cambiarlas por velas blancas y, creyendo que su hijo había muerto, se suicidó lanzándose al mar, que a partir de entonces recibió el nombre de mar Egeo. Cuando Teseo desembarcó, recogió el cadáver de su padre en la playa y comprendió cuan descuidado había sido, produciéndose así un final trágico para el héroe.
Sin embargo, el mito dice que Ariadna fue redescubierta poco tiempo después por Dionisio, el dios del vino y los excesos, quien se casó con ella, dando así un final feliz para Ariadna.

En la ópera "L'Arianna" de Claudio Monteverdi, de la cual solo nos queda el fragmento que aparece a continuación llamado "Il lamento d'Arianna", se nos muestra a Ariadna lamentándose luego de ser abandonada por Teseo en la isla de Naxos.
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El mito de Atalanta
Un día una osa benevolente encontró una niña recién nacida, llamada Atalanta, al pie de la montaña, que había sido abandonada por su padre por ser mujer.
La osa la crió como a uno de sus hijos y le enseñó a cazar y a recoger miel y bayas. Una vez que creció se convirtió en una seguidora de Diana la cazadora; vivía sola y era muy feliz recorriendo los bosques y los campos inundados de sol.
Apolo, apoyaba su modo de vida y le recomendó que no se casara nunca para no perder su identidad.
Sin embargo, siempre vivía rodeada de pretendientes.
Cansada de tener que enfrentar esta situación y para liberarse de ellos organizó un plan. Confiando en su destreza física, los desafió a competir con ella en una carrera; y el que la pudiera vencer se casaría con ella pero el que fuera vencido perdería la vida.
Estaba segura que con esta condición nadie querría participar, ya eran lo suficientemente duras como para desalentar a cualquier candidato, sin embargo muchos hombres estuvieron dispuestos a perder la vida.
Un día un extranjero llamado Hipómenes, pasó por esa región y se enteró de la competencia. Se burló de los hombres que participaban, pero en cuanto conoció a la bella Atalanta también quiso arriesgarse para lograr ser su esposo.
Era el nieto de Neptuno, dios del mar, un orgulloso e intrépido caballero que la impresionó por su arrogante presencia.
Atalanta le pidió que se fuera porque temía por la vida de ese gallardo joven que la había conmovido y del que se estaba enamorando.
Sin embargo, a pesar de sus súplicas él no quiso ceder y con gran pesar tuvo que consentir en competir con él.
Hipómenes le rogó a la diosa Venus que lo ayudara y ésta decidió hacerlo y así tener la oportunidad de castigar a Atalanta por despreciar al amor.
Venus cortó tres manzanas de oro de un árbol sagrado y se las dio al audaz caballero para que se las fuera arrojando a la joven durante la carrera para distraerla y alejarla del camino. Era la única manera de ganarle, porque era más veloz que el mismo viento.
Las dos primeras manzanas lograron hacer retroceder a Atalanta para recogerlas llegando estar los dos a la par; pero la tercera manzana era la última oportunidad, por lo tanto Hipómenes trató de lanzarla lo más lejos posible.
Atlanta se disponía a ignorarla para no perder la carrera, pero en ese momento de la decisión Venus tocó su corazón y le hizo abandonar el camino para recogerla, perdiendo así la carrera.
Hipómenes ganó así la competencia gracias a la ayuda de Venus, logrando ser el primero en ganar el premio, que le permitía tomar a Atalanta como esposa.
Pero con el afán de ganar la carrera, Hipómenes olvidó agradecerle a Venus el apoyo, quien enfurecida por su falta de agradecimiento, con la ayuda de Diana, la diosa de la Luna urdió un castigo para la pareja por haberla ignorado.
Cuando ambas diosas los encontraron juntos en el bosque recostados sobre la hierba a la luz de la luna, decidieron convertirlos en animales.
Fue así que esa misma noche sus cuerpos comenzaron a experimentar grandes cambios y se transformaron lentamente en dos poderosos leones.
Cuando se despertaron a la madrugada, comenzaron a rugir y no tuvieron más remedio que salir a cazar para poder subsistir.
A partir de entonces, Atalanta e Hipómenes vivieron juntos para siempre en las profundidades del bosque convertidos en leones y dominados por la luna.